Autismo inside: La etiqueta que nunca llevarán las vacunas.

Las vacunas nos acompañan desde hace 300 años, o al menos la idea de una vacuna, y fue Eduard Jenner, y no Pasteur, el que merece el honor de haber comenzado esta práctica.

Jenner observó que las personas que contraían un tipo de viruela, la viruela bobina o viruela vacuna, sobrevivían a los brotes de viruela, es más, ni siquiera volvían a enfermar de tan terrible enfermedad. Basándose en sus observaciones, comenzó a inocular a los humanos la cepa bovina de la viruela, salvando una increíble cantidad de vidas al extenderse la práctica.

Pasteur, en cambio, creó otras muchas vacunas, a base de cultivos atenuados de bacterias (básicamente, cultivos poco o nada virulentos de bacterias patógenas). De este modo, creó vacunas contra el carbunco y contra la rabia, y acuñó el propio término “vacuna”, en honor a Jenner A finales del siglo XIX se crearon leyes de vacunación obligatoria y en el siglo XX se fueron desarrollando otras muchas vacunas.

El movimiento antivacunas no es reciente, de hecho, data de la época de Jenner, por ejemplo, el sermón “La de la Inoculación”, del teólogo Edmund Massey, donde argumentaba que las enfermedades eran enviadas por Dios y que cualquier intento de evitarlas atenta contra Su voluntad.

Sin embargo, el movimiento antivacunas que todos conocemos fue refundado por Andrew Jeremy Wakefield, que en 1998 publicó en The Lancet un artículo, ya desacreditado, donde relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo.

Su artículo fraudulento fue retirado por The Lancet, y se descubrió que había sido pagado por un grupo de padres con interés en demandar a una serie de farmacéuticas, además de su intención de lanzar al mercado su propia vacuna triple vírica.

A pesar de que no se encontró relación entre vacunas y autismo por otros investigadores, esto no fue suficiente para contener el daño que supuso la publicación del artículo, y a día de hoy, Wakefield es la cara visible del movimiento antivacunas.

Existen una serie de argumentos usados habitualmente por los antivacunas, que expondré a continuación:

 

Argumento n° 1: El artículo de Wakefield.

El artículo de Wakefield fue retirado y no se ha encontrado relación entre autismo y vacunas por ninguna investigación hasta la fecha.

Argumento n°2: El tiomersal fue retirado de las vacunas, por algo sería.

El tiomersal es un compuesto derivado del mercurio que fue usado como conservante para las vacunas desde 1930, y fue retirado de las vacunas 70 años después, sin que hubiera producido daños. Fue retirado precisamente por presiones del colectivo antivacunas, así que los mismos que usan este argumento fueron los que obligaron a su retirada.
Argumento n°3 (y el más hilarante desde mi punto de vista): Las vacunas no han demostrado su efectividad.

Encuentro profundamente innecesario, y no tengo conocimientos suficientes, para explicar toda la teoría germinal ni el funcionamiento en profundidad de las vacunas, así que me limitaré a enlazar una serie de gráficos que muestran la caída en picado de algunas enfermedades tras la aprobación de su vacuna correspondiente.

Como podemos apreciar, ambas enfermedades descendieron en incidencia hasta su casi total erradicación tras la aprobación de su vacuna.
Argumento n°4: La teoría germinal de la enfermedad no está demostrada.
La teoría germinal de la enfermedad tiene más de 2 siglos de historia y está perfectamente demostrada tras más de 200 años de pruebas y estudios, conocemos muchísimas bacterias y virus, patógenas y no patógenas, y las tenemos perfectamente clasificadas.
Argumento n°5: El sistema inmune está perfectamente preparado para luchar contra las enfermedades, la vacunación es innecesaria.
Este argumento se cae por su propio peso, si realmente pudiéramos luchar contra todas las enfermedades y vencerlas, sobreviviriamos a todas las enfermedades,o como mínimo las tasas de mortalidad se hubiesen mantenido estables tras la aprobación de las vacunas para una enfermedad.
Argumento n°6: Dios creó la enfermedad, si morimos por ella es Su voluntad y no podemos negarnos.
Asumamos que Dios es real, que creó la enfermedad, y que es su voluntad que muramos a por ella. En ese caso, Dios es un ser genocida que ha quitado la vida a gran parte de la humanidad y ha permitido que niños mueran y sigan muriendo alrededor del mundo, lo cual, bajo esta premisa, choca radicalmente con la idea de un Dios bueno y amoroso.
Argumento n°7: Las vacunas no están lo bastante estudiadas.
Cada vacuna y cada medicamento, pasan por un estudio in vitro para comprobar su efecto sobre un cultivo, un estudio en animales si fuera necesario (y no suele serlo), uno o varios estudios en humanos sanos, para comprobar la toxicidad y efectos secundarios y uno o varios estudios en humanos enfermos para comprobar la eficacia. No se pasa al siguiente estudio si no se ha completado con buenos resultados el anterior, de tal modo que están lo bastante estudiadas y comprobadas como para su administración segura a la población.

Argumento n°8: Atenta contra la libertad individual.

Es un problema colectivo, atenta contra la inmunidad de manada. Existe un grupo de personas que por alguna causa no pueden ser vacunadas, o tienen un sistema inmune lo bastante debilitado como para que las vacunas pierdan efecto, de tal modo que están protegidas por el resto de personas que si se han vacunado. El problema es que si dejamos de vacunar al suficiente porcentaje de la población, estas personas que no son inmunes tienen mucha probabilidad de contraer algún patógeno de personas de su alrededor.
Argumento n°9: Las vacunas producen efectos secundarios.
Si, es cierto, en un ínfimo porcentaje de la población producen algunos efectos secundarios, que en muy pocos casos son graves. Estos efectos secundarios están bien documentados, se trabaja para disminuirlos y se dan con casi cualquier fármaco. El Dalsy tiene efectos secundarios, pero nadie pensaría en no dárselo a un niño que arde de fiebre.

Argumento n° 10: Mi prima/tío/vecino/pariente/amiga vacunó a su hijo y desarrolló autismo/esclerosis/gripe/leucemia.

Eso es igual que “Mi prima/tío/vecino/pariente/amiga dio un vaso de agua a su hijo y desarrolló autismo/esclerosis/gripe/leucemia”. El cerebro humano tiene la irritante necesidad de buscar patrones, existan o no, pero debemos recordar que correlación no implica causalidad y que una cosa haya ocurrido tras otra no implica que una sea a causa de la otra. Un ejemplo muy sencillo: “Se me cayeron las llaves y a los 10 segundos hubo un terremoto” Evidentemente, la caída de las llaves no produce dicho terremoto, es obvio, y de igual forma debemos pensar cuando nos cuentan o vivimos esta clase de testimonios.


Espero que esto sea suficiente para explicar a todas esas personas que creen que las vacunas pueden dañar a sus hijos de alguna forma, que las vacunas son seguras y eficaces.